14 DE JUNIO DE 2021

HISTORIA DE NAVIDAD

 

“Frijoles viejos y pan añejo” — respondió mamá cuando sus cuatro hijas le preguntaron que cuál sería la cena de Navidad este año. Entre suspiros y sollozos, María se asomaba por la ventana y admiraba el festín despampanante que ofrecían en casa de su vecino “el de la casa grande”: un pavo de diez kilos, una pierna de jamón glaseado y una exquisita salsa de ciruela pasa para acompañar. “¿Y por qué nosotros no podemos tener eso, mamá? Yo quería una cena elegante y unos pañuelos de seda para poder ir presentable a los eventos de fin de año”. —“¡Porque somos pobres! ¿Qué no lo ves?” respondió Josefa, obstinada de los dramas de su hermana María.

“No se atrevan a decir eso, niñas. Pobres son quienes carecen de amor para dar, de seres queridos y de salud para disfrutar de una buena carcajada. Nosotros no somos pobres, simplemente atravesamos momentos difíciles.”

Esta historia fue inspirada en la respuesta de un seguidor cuando pregunté en mis historias que cuál sería su cena de Nochebuena. Todos me presentaron sus festines internacionales con infinidad de opciones: pavo, bacalao, hallacas, pernil, vitel toné… Él respondió: “Frijoles viejos y pan añejo. Son tiempos difíciles”. Su comentario me inundó de empatía y me recordó a una de mis novelas clásicas favoritas de Louisa May Alcott: Mujercitas. Los que la han leído probablemente notaron la referencia en la breve historia que narré.

Por mi parte, yo siempre les voy a desear una vida de abundancia, recordándoles que la verdadera fortuna está en tener unos ojos de artista y un corazón agradecido.

¡Feliz Navidad, mis amados, románticos y guerreros seguidores!